Cuando dije te quiero, recibí un “me gustas”
Cuando dije me gustas, diste un “te aprecio”
Te aprecio, “me caes bien”
Me caes bien, “¿Quién eres?”
Y así… viví a destiempos desentonando
entre lo que quise y lo que logré.
Entonces, decidí morder los labios
y esperar a que tu fueses la que tomará la palabra.
Se volvió reiterativo, de mi parte, decir: “¿disculpa, dijiste algo?”
mientras te tenía cerca, te sentía, tocaba, observaba y olía.
Y entendí, de alguna u otra forma,
todo lo que sin palabras me querías decir antes que,
sin palabras, nuevamente,
te fueras.
Septiembre 23 de 2011
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